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No es secreto para nadie que el país vive desde hace años una situación complicada de seguridad. Es más, estoy convencido que tú, o alguien de tu núcleo familiar ya ha sido asaltado.

Como Iglesia, nos hemos dado a la tarea de pedirle a Dios por la seguridad de este país, de nuestras familias, y nada menos el fin de semana pasado estoy seguro que muchas iglesias del país pidieron para que Dios librara a sus asistentes de la delincuencia en esta semana de “vacaciones agostinas” que recién comienza.

La razón por la que me tomé el tiempo de escribir, es porque me indigna la forma en que, a pesar que esperamos y le pedimos a Dios que nos guarde de la delincuencia, algunas de nuestras acciones son un verdadero atentado a nuestra propia seguridad y hacen más fácil que nos convirtamos en víctimas… no porque Dios no nos haya cuidado, sino porque ¡nos metimos a la boca del león esperando no ser mordidos!

Los invito a revisar sus redes sociales… les puedo garantizar que verán decenas de sus contactos publicando que están en alguna playa, en alguno de nuestros lindos pueblos, o incluso hasta fuera del país… En pocas palabras, le dijeron a sus cientos de contactos y posiblemente a miles de personas que ni siquiera conocen, ¡QUE SU CASA ESTÁ VACÍA! O peor aún, le dijeron a todos ¡DONDE ESTÁ TODA SU FAMILIA CON EL DINERO DE LAS VACACIONES!

Lo irónico de esta situación es que muchas veces, la misma gente que se queja (justificadamente) de la inseguridad de nuestro país, son los mismos que por negligencia con sus publicaciones hacen todo lo posible por ser asaltados.

¿Qué pensarían si alguien publicara una oración como esta en redes sociales?:

“Padre Celestial, te pido que por favor no me asalten ahorita que voy saliendo de X centro comercial, ya que recién acabo de sacar del cajero todo mi salario y voy a tomar la ruta 42 placa AB-555 que me recoge justo aquí enfrente y todavía tengo que caminar tres cuadras hasta mi casa en la colonia Miramonte #18-c” ¡En el nombre de Jesús, Amén!

Esta oración parece ridícula pues nadie sería tan irresponsable de publicarla (eso espero). Lo indignante es que ¡la única parte de la oración ficticia que no se publica, es la parte donde se pide protección; luego prácticamente todo el resto de la información personal puede ser encontrada en redes sociales!

Dice un viejo y conocido refrán: “A Dios rogando y con el mazo dando”… Pídanle a Dios que los proteja en estas vacaciones y deja de publicar tu itinerario vacacional; después de todo, a las personas a quienes nos interesa lo que haces en tu vida, podemos esperar una semana más…

Por cierto, Dios puede cuidarte aún si eres irresponsable con lo que publicas porque es un Dios obrador de milagros… pero ya paremos de exigirle milagros cuando lo que Él espera prudencia.

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22550_main_fullNo es secreto para nadie que el país vive desde hace años una situación complicada de seguridad. Es más, estoy convencido que tú, o alguien de tu núcleo familiar ya ha sido asaltado.

Como Iglesia, nos hemos dado a la tarea de pedirle a Dios por la seguridad de este país, de nuestras familias, y nada menos el fin de semana pasado estoy seguro que muchas iglesias del país pidieron para que Dios librara a sus asistentes de la delincuencia en esta semana de “vacaciones agostinas” que recién comienza.

La razón por la que me tomé el tiempo de escribir, es porque me indigna la forma en que, a pesar que esperamos y le pedimos a Dios que nos guarde de la delincuencia, algunas de nuestras acciones son un verdadero atentado a nuestra propia seguridad y hacen más fácil que nos convirtamos en víctimas… no porque Dios no nos haya cuidado, sino porque ¡nos metimos a la boca del león esperando no ser mordidos!

Los invito a revisar sus redes sociales… les puedo garantizar que verán decenas de sus contactos publicando que están en alguna playa, en alguno de nuestros lindos pueblos, o incluso hasta fuera del país… En pocas palabras, le dijeron a sus cientos de contactos y posiblemente a miles de personas que ni siquiera conocen, ¡QUE SU CASA ESTÁ VACÍA! O peor aún, le dijeron a todos ¡DONDE ESTÁ TODA SU FAMILIA CON EL DINERO DE LAS VACACIONES!

Lo irónico de esta situación es que muchas veces, la misma gente que se queja (justificadamente) de la inseguridad de nuestro país, son los mismos que por negligencia con sus publicaciones hacen todo lo posible por ser asaltados.

¿Qué pensarían si alguien publicara una oración como esta en redes sociales?:

“Padre Celestial, te pido que por favor no me asalten ahorita que voy saliendo de X centro comercial, ya que recién acabo de sacar del cajero todo mi salario y voy a tomar la ruta 42 placa AB-555 que me recoge justo aquí enfrente y todavía tengo que caminar tres cuadras hasta mi casa en la colonia Miramonte #18-c” ¡En el nombre de Jesús, Amén!

Esta oración parece ridícula pues nadie sería tan irresponsable de publicarla (eso espero). Lo indignante es que ¡la única parte de la oración ficticia que no se publica, es la parte donde se pide protección; luego prácticamente todo el resto de la información personal puede ser encontrada en redes sociales!

Dice un viejo y conocido refrán: “A Dios rogando y con el mazo dando”… Pídanle a Dios que los proteja en estas vacaciones y deja de publicar tu itinerario vacacional; después de todo, a las personas a quienes nos interesa lo que haces en tu vida, podemos esperar una semana más…

Por cierto, Dios puede cuidarte aún si eres irresponsable con lo que publicas porque es un Dios obrador de milagros… pero ya paremos de exigirle milagros cuando lo que Él espera prudencia.

Con amor, Carlos Márquez

Boy bullied

Boy bullied

Todavía recuerdo mi época de colegio cuando lo típico era llamar a mis compañeros de clase por sus apodos; se volvió tan normal que algunos de ellos a pesar de tener apodos que señalaban algún defecto físico (y que por lo tanto eran apodos humillantes), no les quedó más remedio que aceptarlo y llegar a acostumbrarse que se les llamara así; algunos incluso hasta el día de hoy ¡se presentan por su apodo!

¿Cuál es el problema? Esto es algo que muchas veces los pastores y líderes de Iglesias no hablan porque se considera que es más importante tratar asuntos socialmente más condenables como adulterio, sexo fuera del matrimonio, homosexualismo, borrachería y uso de drogas, etc. Y si bien es cierto todos estos otros temas son importante tocarlos desde un punto de vista bíblico, el poner apodos es algo tan serio que sorprende que se pase por alto desde los púlpitos. Así que de una forma breve quisiera tomarme el tiempo de explicar la gravedad de poner apodos.

Poner apodos = Matar

Dios le dio a su pueblo los famosos 10 mandamientos; es normal pensar que el mandamiento “No matarás” es una prohibición clara para casos como: No dispararle a alguien, no apuñalar personas, y situaciones obvias como estas; ahora bien, el pueblo a quien Dios le dio este mandamiento por supuesto entendieron que era una prohibición contra estas violaciones obvias, pero el mandamiento no se detenía ahí, el pueblo de Dios también entendió que una forma de matar a otra persona era ¡HUMILLÁNDOLA!…

Piensen en esto ¿qué frases utilizas cuando te sientes apenado frente a otros? ¡Trágame tierra! ¡Me quiero morir! El pueblo de Dios entendió que humillar a alguien es matarlo un poquito. Poner apodos puede sonar de lo más inofensivo del mundo… ¡para quien los pone!, pero para la persona que sufre diariamente escuchar que en lugar de que se le llame por su nombre se le llame por un defecto físico, por su peso, por una discapacidad, o por cualquier otra situación que sea denigrante créanme, ¡no es ninguna gracia!

Así que, si eres un verdadero hijo de Dios, que quiere obedecerlo y caminar mejor en la vida; quítate esa mala costumbre de llamar a personas por su apodo si es denigrante. No importa que ya se haya acostumbrado, lo más seguro es que se acostumbró porque no le quedaba de otra.

Ser cristiano es más que no tomar, no fumar, no usar drogas y cosas socialmente condenables… ser cristiano es NO DECIR APODOS DENIGRANTES.

ImagenSi es verano nos quejamos porque hace mucho calor y nunca llueve, si es invierno pues llueve mucho y hace frío; nos quejamos porque las carreteras están deterioradas y si las están reparando nos quejamos porque se genera tráfico; nos quejamos porque todo es caro, y si encontramos algo barato pues nos quejamos porque ha de ser de baja calidad; se queja quien tiene pelo liso y se lo quiere rizar y se queja quien tiene pelo rizado y se lo quiere alisar; en fin… No se necesita ir muy lejos para entender que somos una sociedad que encuentra fácilmente excusas para quejarse por cualquier cosa y a cualquier cosa le puede encontrar una queja… ¿Por qué somos así?

Somos una sociedad quejista porque así como un virus que está dentro de nuestro cuerpo el cual aunque no lo veamos podemos sentir sus efectos, así tenemos dentro de nosotros un mal arraigado y los efectos de este mal salen a la luz en esa constante e inagotable fuente de quejas.. ese mal se llama “insatisfacción”. Somos una sociedad que no encuentra satisfacción en lo que tiene y por lo tanto no se disfruta lo que sí se tiene y la queja surge como una respuesta natural.

Un extranjero hace algunos días me decía que teníamos un clima paradisíaco y que diera cualquier cosa por tener un clima como el nuestro; también le gustaba nuestro país porque todo está bien cerca y se siente acogedor porque a donde uno vaya se encuentra a alguien conocido… ¿Cómo es posible que para algunos extranjeros nuestro clima sea paradisíaco y para nosotros sea un infierno al mismo tiempo? ¿Cómo es posible que para alguien sea una ventaja que nosotros seamos tan pequeños como país y para nosotros sea asfixiante? El problema es que el virus lo llevamos dentro y por lo tanto, no importa dónde nos movilizáramos, o los cambios que hiciéramos, siempre nos seguiríamos quejando a menos que solucionáramos nuestro problema interior. Encontrar satisfacción en lo que uno tiene, es clave para disfrutar en la vida, y sin satisfacción, cualquier cosa que tengamos será motivo de queja.

Una palabra de advertencia: Satisfacción no es sinónimo de conformismo. Conformismo es saber que algo está mal y no hacer nada para cambiarlo; satisfacción es entender que puedo disfrutar lo que tengo, mientras viene algo mejor. Está bien si no te conformas con las calles que tienes y está bien que pidas cambios; pero si no disfrutas las calles que hoy tienes aunque tengan baches y todo, déjame preguntarte algo… ¿preferirías no tener calles? Está bien si no te conformas con el pelo que tienes mientras inviertes tiempo y dinero en el salón de belleza para cambiar tu estilo; pero si no disfrutas el pelo que tienes, ¿te gustaría quedarte sin pelo?…

Un niño tenía cientos de juguetes en casa y cada salida con sus padres se quejaba porque quería más; un día el padre cansado y queriendo enseñarle a su hijo el valor de lo que tenía, quiso darle una lección y se llevó a su hijo junto con todos sus juguetes a un barrio muy pobre, estando ahí, comenzó a regalarle a cada niño del barrio un juguete de los que su hijo tenía hasta que todos los niños, incluso su hijo se quedaron cada uno, con un solo juguete… Todos los niños disfrutaban con su juguete en las manos, mientras su hijo lloraba con el suyo. Entonces el padre le dijo: Tú estás triste porque piensas en lo que no tienes, mientras que ellos están alegres porque se enfocan en lo que tienen en sus manos… Aprende a disfrutar con tu único juguete y cuando estés satisfecho con él y no necesites más para ser feliz, entonces te repondré los otros 99.

¿Queremos que algo mejore? Comencemos por ser felices, estar satisfechos y disfrutar lo que hoy sí tenemos.

Carlos Márquez

@carlos_mrqz

ImagenLe preguntaron a Jesús ¿cuál era el principal mandamiento? Él respondió que era amar a Dios por sobre todas las cosas, luego le preguntaron ¿cuál era el segundo mandamiento más importante? Él respondió: Amar a tu prójimo como a ti mismo.

Soy el pastor de una Iglesia pequeña que hace menos de un año inició actividades; al ser una iglesia naciente contamos con recursos limitados, pero aun con esta realidad, iniciamos manteniendo un principio fundamental como nuestra razón de existir: “Siempre destinaríamos la mayor parte de recursos que obtuviéramos, para proyectos de ayuda social”… ¡Aquí comenzó el problema!

Hubo mucha gente que me preguntaba ¿cómo haríamos para sobrevivir con la menor parte de nuestros escasos recursos financieros? Debo confesar que me sentía triste hasta cierto punto, pero entendía que estaba haciendo algo en contra de una realidad que para vergüenza de la Iglesia cristiana la resumo:

“Las ofrendas que como hijos de Dios de todo corazón se entregan a las Iglesias para que el liderazgo las utilice de la forma más sabia posible, lastimosamente, la mayoría, se utilizan para satisfacer las comodidades de pocos (los que están dentro del culto), pero no para ayudar a las necesidades de muchos (los que están fuera de las paredes de nuestra Iglesia)”. Si tú le preguntas a tu Pastor o líder que te muestre dónde se están invirtiendo tus ofrendas y él no tiene la necesidad de salir del Templo para mostrártelas… ¡Hay un serio problema!

Con la excusa de que “la necesidad más importante que una persona tiene es la de escuchar el mensaje de salvación” (que por cierto, comparto que es la necesidad más importante), como institución responsable de mostrar el amor de Dios, hemos olvidado que el amor al prójimo debe mostrarse CON PALABRAS Y ACCIONES; si no estamos de acuerdo en esto, pues entonces hay que borrar pasajes como Santiago 2:15-16 “Supongamos que un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse y carecen del alimento diario, y uno de ustedes les dice: Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse; pero no les da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso?”… O las palabras de Jesús en Mateo 25 cuando afirma que lo que se hizo por los pobres, hambrientos, enfermos y necesitados es como si hubiera sido hecho directamente a Él.

Con la excusa de que “pobres siempre habrá en el mundo”, como institución nos hemos dedicado a llenar la mente de nuestros feligreses con sabiduría bíblica (La cual no estoy despreciando sino que la fomento) ¿pero de qué servirá tanto sabio dentro de la pared de la Iglesia, si cuando ve a alguien en necesidad no le extiende su mano? ¿De qué sirve conocer todos los misterios, si el amor no se muestra dándole oportunidad de estudio a un niño de escasos recursos? ¿De qué sirve tanto líder, pastor y maestro si no seguimos el ejemplo de Jesús quien no sólo enseñó, sino que también sanó y alimentó a multitudes? Siempre habrá pobres en el mundo, pero que no sea por la negligencia de la Iglesia en nunca hacer algo para aliviar la necesidad de quienes tiene a su alcance, abriendo sus arcas para que los recursos encuentren las manos del más necesitado.

Con mucho orgullo puedo decir que a la fecha, en nuestra pequeña Iglesia la Comunidad, hemos destinado cerca del 72% de todos los recursos que hemos obtenido para ayudar a orfanatos, personas de escasos recursos, personas sin empleo, ancianos, personas con diferentes discapacidades, entre otros… El día de hoy, ese porcentaje es mínimo, pero con la ayuda de Dios, poco a poco podremos ayudar más.

Existimos para mostrar el amor de Dios con palabras y acciones, existimos para aliviar las cargas de los más necesitados, existimos para amar al prójimo, así como nos amamos a nosotros mismos.

Carlos Márquez

@carlos_mrqz

ImagenUna noche de junio del 2009, El Salvador vivió una de esas noches que se consideran mágicas para el deporte nacional y que muy pocos han tenido el privilegio de disfrutar en su tiempo de vida. Empatábamos en casa ante México, nuestro archirrival futbolístico en las eliminatorias para el Mundial del 2010, la lluvia caía helada sobre los miles de aficionados que habían abarrotado la fortaleza del Estadio Cuscatlán, y la afición se desvanecía en la agonía mientras el partido llegaba a sus minutos finales. Empatar en casa significaba ver lejanas las posibilidades de ir a un nuevo mundial y sucumbir ante un Goliat en lo futbolístico; ganar significaba darle una bofetada al orgullo de esa potencia del balompié del continente y un espaldarazo de confianza al ánimo de toda una nación que en el deporte tiene algunas de sus pocas alegrías entre los diarios problemas propios de un país del tercer mundo.

Yo estuve ahí, entre esos miles de aficionados, gritando a todo pulmón, apoyando con todas mis fuerzas, creyendo lo improbable, con la confianza puesta en lo imposible mientras seguíamos empatados. Cuando se acercaba el final del partido, una falta dentro del área a favor de El Salvador y el árbitro señala la pena máxima en el futbol; un penalti a favor, ese tiro que es más difícil fallar que acertar… para cobrar el penalti toma la pelota el jugador insignia de la selección y con una confianza propia de un David frente a Goliat, se para frente a la pelota; en sus pies estaba pasar a la historia y darle alegría a todo un país que había detenido la violencia para aferrarse a la esperanza de que por lo menos en lo futbolísticos no somos los últimos. El estadio era un ser vivo; pobres y ricos, graduados y sin estudios, amigos y rivales, todos nos habíamos unido en una misma esperanza. El tiro estaba a punto de cobrarse y el estadio enmudeció, todos nos tomamos de las manos y muchos le pedimos a Dios que nos diera esa alegría, aunque fuera sólo este día, por lo menos sólo esta vez… y sucedió…  Fue un gol mágico, el héroe: Eliseo (“Cheyo”) Quintanilla.

Casi cuatro años después, la historia no podría ser más diferente, uno de los protagonistas es nuevamente quien ese día se convirtió en héroe nacional, pero estamos viviendo unos de los días más nefastos de la historia del futbol nacional, inmersos en el escándalo de amaño de partidos y a punto de ser testigos de la hecatombe futbolística de este país a nivel de selección nacional y el que fuera nuestro héroe nacional, ahora es señalado como un criminal.

Justicia es justicia, y se aplica igual tanto a héroes como a civiles, pero quiero preguntar algo, ¿en qué momento a alguien se le cataloga como criminal? Pues hasta donde yo tenía entendido, uno es inocente hasta que se pruebe lo contrario en un tribunal y luego de un juicio justo; algo que en lo personal no se ha visto en el caso del que hablamos ahora.

Justicia es justicia, y soy el primero en pedir que cuando alguien es culpable de un delito se le aplique el peso de la ley, pero estos 22 jugadores hasta el momento están todavía en la etapa en la que pueden presentar sus alegatos de defensa y no serían los primeros (ni seguramente serán los últimos) en ser señalados por un crimen que posiblemente no han cometido. ¡NO DIGO QUE SON INOCENTES! Pero tampoco quiero decir que son culpables sin haber escuchado su defensa, eso es justicia. Si luego de esto se concluye que son culpables, pues entonces se habrá tenido un juicio justo y el castigo debe ser ejemplar, dado lo ejemplar de la falta.

Justicia es justicia, y a fuerza de ser sinceros, muchos indicios apuntan  a la culpabilidad de los señalados, pero a nadie en el mundo se le juzga en base a indicios ni sospechas, sino a base de pruebas sólidas y concretas y personalmente me niego a ser uno más de los que emiten juicios sin darle al señalado la oportunidad de defenderse, sobre todo cuando a ese señalado un día lo abracé como mi héroe, sin saber si un día el señalado podría ser yo y quisiera que al menos alguien me diera el beneficio de la duda… eso es ser justo.

Si son culpables, que paguen, si son inocentes, pagaremos todos los que emitimos un juicio adelantado, pues debo recordar que con la misma vara que mido, también seré yo medido (Mateo 7:2) ¡Eso es justicia!

Carlos Márquez

@carlos_mrqz

ImagenEnseñando sobre un pasaje famosísimo dentro de La Biblia (Juan 3:16), me surgió una pregunta que todavía me tiene sin respuesta. ¿Por qué Dios nos ama?

Hasta cierto punto, me parece completamente lógico que algunas personas decidan amar a Dios, después de todo, Él es bueno, es amor, nos concede vida eterna, en fin, después de todo lo que nos da, es lógico que algunos hayamos decidido amarlo, pero, ¿por qué nos ama Él a nosotros?

No voy a responder precisamente a esta pregunta, de hecho quiero dar al menos 3 razones por las cuales Dios hace mucho tiempo debió habernos dejado de mostrar su amor. ¿Por qué no lo ha hecho?… Esto lo responderemos al final.

1. Dios no necesita nada de nosotros.

Somos nosotros los que necesitamos de Él, no al contrario. Me parece gracioso que muchas personas piensen que le hacen un favor a Dios al acercarse a Él, cuando en realidad, sin Él en nuestras vidas, lo único que estamos haciendo es “transformando oxígeno en Dióxido de carbono”, sólo estamos sobreviviendo sin Dios, pero realmente no estamos viviendo. Necesitamos urgentemente de Dios en nuestras vidas, pero Él existía antes de nosotros, y seguirá existiendo cuando nosotros ya no estemos con vida. En este sentido, no nos necesita.

2. Históricamente le hemos dado la espalda a Dios.

Los que aman a Dios son la minoría. Naciones enteras se autodenominan cristianas, pero no significa que como naciones busquen amar a Dios, tampoco quiere decir que todos sus habitantes busquen a Dios. De hecho como país, somos considerados un país de tradición cristiana, pero de la totalidad de habitantes, la mayoría profesan una religión, pero no una relación personal con Dios. La gran mayoría de personas simpatizan con Dios, pero a la hora de tener una relación con Él, le dan la espalda.

 

3. No valoramos lo que Dios nos da y nos aprovechamos de Él.

Dios nos concede algo que nada ni nadie puede hacer por nosotros: La oportunidad de tener acceso a una vida eterna. Lastimosamente, muchas personas, e iglesias incluso, tocan este tema de forma superficial y se enfocan en obtener de Dios otras cosas que son importantes, pero que no son fundamentales y la razón principal por la que Él busca tener una relación con nosotros: Podemos morir sin haber prosperado, pero no sin la oportunidad de vida eterna; podemos vivir sin ser exitosos, pero no podemos vivir sin la oportunidad de vida eterna.

Como ven, Dios debió habernos dejado de amar hace mucho tiempo, ¿Por qué no lo ha hecho? Ahhhh… pues sencillamente porque Él no puede dejar de amarnos, pues su naturaleza misma es AMOR. Su amor no se activa y desactiva como la luz en nuestras casas con un interruptor, de Él surge amor constantemente porque es la fuente misma de todo amor existente. Menos mal que es así, pues si el amor de Dios fuera en respuesta a quienes somos nosotros,  entonces hace mucho tiempo hubiera dejado de amarnos.

 

Carlos Márquez

@carlos_mrqz