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Archive for the ‘Consejos para padres’ Category

ImagenConozco personas que ven al Diablo en muchos lugares: “El vino es del Diablo, el Internet es del Diablo, las relaciones sexuales son del Diablo, la música es del Diablo, bailar es del Diablo, masticar chicle es del Diablo, el maquillaje es del Diablo, etc”. Casi siento deseos de preguntar ¿si algo todavía le pertenece a Dios, o si todo es ya posesión del Diablo?

Expreso mi opinión personal sobre un tema que es bastante delicado, pero creo que es el momento de que alguien hable sin tapujos sobre el tema; intentaré resumir mi posición al respecto en una sola frase: Nada es del Diablo, lo que es del Diablo es la forma en que usamos aquello que es de Dios.

Sosteniendo esta postura, explico cómo se aplicaría a cada caso en particular mencionado arriba. El vino no es del Diablo, lo que es del diablo es emborracharse con vino; el Internet no es del Diablo, lo que es del Diablo es utilizarlo para darle rienda a placeres carnales; las relaciones sexuales no son del Diablo, lo que es del Diablo es tener relaciones sexuales fuera del matrimonio; la música no es del Diablo, bailar no es del Diablo, el chicle no es del Diablo, el maquillaje no es del Diablo, y así puedo seguir defendiendo mi postura en cada párrafo que escriba.

Mientras leía el milagro en el que Jesús cambia el agua en vino, no dejaba de preguntarme en posibles formas en que podría seguir sosteniendo que tomar vino es pecado, sin hacer de Jesús un promotor del pecado al darles a los invitados en una boda cerca de ¡600 litros de vino! (Por cierto, no pretendamos inventar que era jugo de uvas dulcito y no embriagante, porque ni el idioma griego en que fue escrito el Evangelio, ni la historia, ni el contexto, ni los avances tecnológicos apoyan esa conclusión; el vino de las bodas de Caná era vino puro, nada menos que el fruto de la vid fermentado por un proceso natural y que por definición, embriagaría a cualquier persona que abusara del mismo). Jesús no es ningún promotor del pecado, darle vino a los invitados de la boda no era pecado por una sencilla razón: el vino no es pecado.

¿Qué creen que es mejor? ¿Enseñarles a nuestros hijos que algo es del Diablo cuando en realidad no lo es, o enseñarles las consecuencias del uso indebido de lo que enfrentarán en la vida real? Solamente como dato contextual histórico y bíblico: El pueblo de Israel ha vivido cerca de 6,000 años entendiendo que el vino no es del Diablo y posee al día de hoy uno de los menores índices de alcoholismo en el mundo. Hablemos con la verdad, enseñémosle a la gente a tener un buen criterio y que sean responsables con sus acciones, especialmente con aquellas cosas que pueden causarles un gran daño, pero por favor, ya no metamos al Diablo en donde Dios nunca lo invitó.

“Y vio Dios todo lo que había hecho, y vio que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31)

Carlos Márquez

@carlos_mrqz

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ImagenUn millonario en su casa de playa platicaba con la persona que le cuidaba el rancho que era muy humilde; y le decía: ¡Tú eres muy tonto! si estudiaras en la universidad, pudieras llegar a tener una carrera como la mía; el humilde trabajador le pregunta: Patrón, y usted ¿cuántas horas trabaja? A lo que el millonario responde: Ohhh yo trabajo de sol a sol; pero mira el resultado, he logrado tener muchísimo dinero, con ese dinero, he logrado comprar esta linda casa, y puedo venir una vez al mes a disfrutar de un delicioso coco helado sentado en una hamaca a la orilla de la playa… ¿no te gustaría a ti hacer esto mismo? El humilde trabajador responde: ¡No moleste jefe, el tonto es usted! Yo por falta de recursos no estudié en la universidad, eso sí, también trabajo fuerte cuidando su rancho, pero tengo a mi familia cerca y los he podido ver crecer y los he disfrutado en cada etapa de su vida y por si eso fuera poco, nada menos ayer estuve tomándome un delicioso coco helado en la misma hamaca en la que usted está ahora acostado.

Hay muchas personas que literalmente viven para trabajar, en lugar de trabajar para vivir. Conozco personalmente el caso de un padre que con la muy buena intención de darles lo mejor a su familia, trabajaba incansablemente en tres turnos diferentes; al llegar a casa, su hijo al que no había visto en todo el día ya estaba dormido y solamente pasaba con él unas cuantas horas el fin de semana, pues estos días descansaba y reponía fuerzas para la siguiente jornada de cinco días. La relación con su esposa no era la mejor, pues la tensión de trabajar todo el día había minado las bases de su casi inexistente relación; eso sí, tenían cable, celulares último modelo, casa preciosa, carro de agencia y ropa a la moda. Todo cambió cuando el niño enfermó de leucemia y el hombre entendió que muy probablemente perdería a su único hijo, a quien tristemente conocía muy poco. El niño después de un duro tratamiento se recuperó y el hombre cambió radicalmente: comenzó a esforzarse solamente lo necesario para tener las necesidades básicas, pero nunca más cometería el error de sacrificar a su familia, con tal de trabajar más. Por primera vez ¡trabajó para disfrutar de la vida! y efectivamente su familia disfrutó del cambio (más que lo que antes disfrutaban de las comodidades).

Es la voraz sociedad moderna la que nos ha cautivado y nos obliga a sacrificar nuestro valioso tiempo con la familia con tal de trabajar más, para llevar un mejor celular a mi bolsillo (¡el cual por cierto me lleva a trabajar todavía más!) No se trata de convertirnos en una sociedad conformista, que quede esto claro, solamente quiero llamar la atención de aquellas personas que ya se olvidaron de vivir. Haz esta prueba: Si alguien de tu familia te propone hacer algo para divertirse, y por dentro dices: ¡No quiero porque me siento demasiado cansado! Te dejo con estas palabras: ¡Si vives para trabajar, morirás sin haber vivido!

Por cierto, ¡Feliz día del trabajo!

Carlos Márquez

@carlos_mrqz

@iglelacomunidad

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PADRE E HIJO“No es lo mismo ser padre, que tener hijos”. Frase demasiado cierta para dejarla guardada en el baúl de los recuerdos. La realidad es que hijos los puede tener cualquiera, pero ser padre es una responsabilidad enorme que Dios nos ha confiado.

Al momento de ser padres, Dios nos confía un tesoro que le pertenece a Él y que por un cierto período de tiempo se nos encarga para que lo entreguemos a la vida como una persona de bien, que ayude a dejar un mundo mejor, y que encuentre su propósito en Dios.

¿A qué edad debemos comenzar a educar a un niño para que cuando sea grande nos dé alegrías y nos haga sentir orgullosos, en lugar de crearnos dolores interminables de cabeza? La Biblia es muy clara para responder esta pregunta, en el libro de Proverbios 22:6 podemos encontrar esta recomendación: “Instruye al niño en el camino correcto; y aún en su vejez, no lo abandonará”.

Quiero dar algunas recomendaciones que vienen directamente de la temprana vida de nuestro Salvador Jesús según aparece registrado en el capítulo 2 del Evangelio de Lucas.

¡Nunca es demasiado temprano para instruir a un hijo en el camino correcto! Cuando Jesús cumplió 8 días de haber nacido, sus padres lo llevaron a ser circuncidado. Ésta era una práctica del pueblo de Israel por medio de la cual todo varón recibía la señal del pacto que Dios había hecho con su patriarca Abraham. ¿A qué edad se debe comenzar a instruir al niño en el camino correcto? La respuesta es bastante obvia… tan pronto como sea posible. Me atrevería a decir que deberíamos instruir a los pequeños incluso desde el vientre de la madre. Si hay personas que estimulan el aprendizaje temprano de sus hijos con música de grandes compositores clásicos, ¿No creen que sería interesante leerle al bebé en gestación porciones de las Escrituras, cantar alabanzas cerca de la panzita de mamá? ¿Creen que sería mala idea llevar al bebé  a dormir leyéndole Salmos? Creo que sería una estupenda idea, después de todo, los padres de Jesús a cortos 8 días de su nacimiento, ya lo estaban llevando a que comenzara a cumplir con las instrucciones de Dios para su vida.

¡Nunca es demasiado tarde para instruir a un hijo en el camino correcto! En mi experiencia como pastor desde hace más de 10 años, me he encontrado con personas que en dos reuniones de una hora quieren que se enderece la vida descarriada de sus hijos. ¡La vida no funciona así! Para evitarnos tener que recomponer la vida de un joven, la tarea debimos iniciarla cuando ellos eran muy pequeños. Por supuesto que el haber instruido a un pequeño no es garantía de que nunca dará pasos en falso, o que será perfecto; pero si instruimos a los niños en el camino correcto podemos tener una esperanza: tal como el hijo pródigo, regresarán a casa. ¡Esa es la promesa de Dios!

¿Qué pasa si fallamos y nuestros hijos ya están grandes? Mi palabra es de ánimo para todos. Dios es grande en misericordia y Él nos ayudará en esta difícil tarea. Será complicado, pero trabajando de la mano de Dios tanto los padres, como los líderes espirituales, podemos cambiar radicalmente el rumbo de vida que nuestros hijos llevan.

Recuerden algo: ser padres requiere de una gran dosis de responsabilidad, ser responsables requiere esfuerzo, esforzarse requiere voluntad y debemos confiar en que es la voluntad de Dios que eduquemos bien a sus tesoros.

Carlos Márquez

@carlos_mrqz

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