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Archive for the ‘Palabra para líderes’ Category

ImagenLe preguntaron a Jesús ¿cuál era el principal mandamiento? Él respondió que era amar a Dios por sobre todas las cosas, luego le preguntaron ¿cuál era el segundo mandamiento más importante? Él respondió: Amar a tu prójimo como a ti mismo.

Soy el pastor de una Iglesia pequeña que hace menos de un año inició actividades; al ser una iglesia naciente contamos con recursos limitados, pero aun con esta realidad, iniciamos manteniendo un principio fundamental como nuestra razón de existir: “Siempre destinaríamos la mayor parte de recursos que obtuviéramos, para proyectos de ayuda social”… ¡Aquí comenzó el problema!

Hubo mucha gente que me preguntaba ¿cómo haríamos para sobrevivir con la menor parte de nuestros escasos recursos financieros? Debo confesar que me sentía triste hasta cierto punto, pero entendía que estaba haciendo algo en contra de una realidad que para vergüenza de la Iglesia cristiana la resumo:

“Las ofrendas que como hijos de Dios de todo corazón se entregan a las Iglesias para que el liderazgo las utilice de la forma más sabia posible, lastimosamente, la mayoría, se utilizan para satisfacer las comodidades de pocos (los que están dentro del culto), pero no para ayudar a las necesidades de muchos (los que están fuera de las paredes de nuestra Iglesia)”. Si tú le preguntas a tu Pastor o líder que te muestre dónde se están invirtiendo tus ofrendas y él no tiene la necesidad de salir del Templo para mostrártelas… ¡Hay un serio problema!

Con la excusa de que “la necesidad más importante que una persona tiene es la de escuchar el mensaje de salvación” (que por cierto, comparto que es la necesidad más importante), como institución responsable de mostrar el amor de Dios, hemos olvidado que el amor al prójimo debe mostrarse CON PALABRAS Y ACCIONES; si no estamos de acuerdo en esto, pues entonces hay que borrar pasajes como Santiago 2:15-16 “Supongamos que un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse y carecen del alimento diario, y uno de ustedes les dice: Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse; pero no les da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso?”… O las palabras de Jesús en Mateo 25 cuando afirma que lo que se hizo por los pobres, hambrientos, enfermos y necesitados es como si hubiera sido hecho directamente a Él.

Con la excusa de que “pobres siempre habrá en el mundo”, como institución nos hemos dedicado a llenar la mente de nuestros feligreses con sabiduría bíblica (La cual no estoy despreciando sino que la fomento) ¿pero de qué servirá tanto sabio dentro de la pared de la Iglesia, si cuando ve a alguien en necesidad no le extiende su mano? ¿De qué sirve conocer todos los misterios, si el amor no se muestra dándole oportunidad de estudio a un niño de escasos recursos? ¿De qué sirve tanto líder, pastor y maestro si no seguimos el ejemplo de Jesús quien no sólo enseñó, sino que también sanó y alimentó a multitudes? Siempre habrá pobres en el mundo, pero que no sea por la negligencia de la Iglesia en nunca hacer algo para aliviar la necesidad de quienes tiene a su alcance, abriendo sus arcas para que los recursos encuentren las manos del más necesitado.

Con mucho orgullo puedo decir que a la fecha, en nuestra pequeña Iglesia la Comunidad, hemos destinado cerca del 72% de todos los recursos que hemos obtenido para ayudar a orfanatos, personas de escasos recursos, personas sin empleo, ancianos, personas con diferentes discapacidades, entre otros… El día de hoy, ese porcentaje es mínimo, pero con la ayuda de Dios, poco a poco podremos ayudar más.

Existimos para mostrar el amor de Dios con palabras y acciones, existimos para aliviar las cargas de los más necesitados, existimos para amar al prójimo, así como nos amamos a nosotros mismos.

Carlos Márquez

@carlos_mrqz

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ImagenUna noche de junio del 2009, El Salvador vivió una de esas noches que se consideran mágicas para el deporte nacional y que muy pocos han tenido el privilegio de disfrutar en su tiempo de vida. Empatábamos en casa ante México, nuestro archirrival futbolístico en las eliminatorias para el Mundial del 2010, la lluvia caía helada sobre los miles de aficionados que habían abarrotado la fortaleza del Estadio Cuscatlán, y la afición se desvanecía en la agonía mientras el partido llegaba a sus minutos finales. Empatar en casa significaba ver lejanas las posibilidades de ir a un nuevo mundial y sucumbir ante un Goliat en lo futbolístico; ganar significaba darle una bofetada al orgullo de esa potencia del balompié del continente y un espaldarazo de confianza al ánimo de toda una nación que en el deporte tiene algunas de sus pocas alegrías entre los diarios problemas propios de un país del tercer mundo.

Yo estuve ahí, entre esos miles de aficionados, gritando a todo pulmón, apoyando con todas mis fuerzas, creyendo lo improbable, con la confianza puesta en lo imposible mientras seguíamos empatados. Cuando se acercaba el final del partido, una falta dentro del área a favor de El Salvador y el árbitro señala la pena máxima en el futbol; un penalti a favor, ese tiro que es más difícil fallar que acertar… para cobrar el penalti toma la pelota el jugador insignia de la selección y con una confianza propia de un David frente a Goliat, se para frente a la pelota; en sus pies estaba pasar a la historia y darle alegría a todo un país que había detenido la violencia para aferrarse a la esperanza de que por lo menos en lo futbolísticos no somos los últimos. El estadio era un ser vivo; pobres y ricos, graduados y sin estudios, amigos y rivales, todos nos habíamos unido en una misma esperanza. El tiro estaba a punto de cobrarse y el estadio enmudeció, todos nos tomamos de las manos y muchos le pedimos a Dios que nos diera esa alegría, aunque fuera sólo este día, por lo menos sólo esta vez… y sucedió…  Fue un gol mágico, el héroe: Eliseo (“Cheyo”) Quintanilla.

Casi cuatro años después, la historia no podría ser más diferente, uno de los protagonistas es nuevamente quien ese día se convirtió en héroe nacional, pero estamos viviendo unos de los días más nefastos de la historia del futbol nacional, inmersos en el escándalo de amaño de partidos y a punto de ser testigos de la hecatombe futbolística de este país a nivel de selección nacional y el que fuera nuestro héroe nacional, ahora es señalado como un criminal.

Justicia es justicia, y se aplica igual tanto a héroes como a civiles, pero quiero preguntar algo, ¿en qué momento a alguien se le cataloga como criminal? Pues hasta donde yo tenía entendido, uno es inocente hasta que se pruebe lo contrario en un tribunal y luego de un juicio justo; algo que en lo personal no se ha visto en el caso del que hablamos ahora.

Justicia es justicia, y soy el primero en pedir que cuando alguien es culpable de un delito se le aplique el peso de la ley, pero estos 22 jugadores hasta el momento están todavía en la etapa en la que pueden presentar sus alegatos de defensa y no serían los primeros (ni seguramente serán los últimos) en ser señalados por un crimen que posiblemente no han cometido. ¡NO DIGO QUE SON INOCENTES! Pero tampoco quiero decir que son culpables sin haber escuchado su defensa, eso es justicia. Si luego de esto se concluye que son culpables, pues entonces se habrá tenido un juicio justo y el castigo debe ser ejemplar, dado lo ejemplar de la falta.

Justicia es justicia, y a fuerza de ser sinceros, muchos indicios apuntan  a la culpabilidad de los señalados, pero a nadie en el mundo se le juzga en base a indicios ni sospechas, sino a base de pruebas sólidas y concretas y personalmente me niego a ser uno más de los que emiten juicios sin darle al señalado la oportunidad de defenderse, sobre todo cuando a ese señalado un día lo abracé como mi héroe, sin saber si un día el señalado podría ser yo y quisiera que al menos alguien me diera el beneficio de la duda… eso es ser justo.

Si son culpables, que paguen, si son inocentes, pagaremos todos los que emitimos un juicio adelantado, pues debo recordar que con la misma vara que mido, también seré yo medido (Mateo 7:2) ¡Eso es justicia!

Carlos Márquez

@carlos_mrqz

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ImagenEnseñando sobre un pasaje famosísimo dentro de La Biblia (Juan 3:16), me surgió una pregunta que todavía me tiene sin respuesta. ¿Por qué Dios nos ama?

Hasta cierto punto, me parece completamente lógico que algunas personas decidan amar a Dios, después de todo, Él es bueno, es amor, nos concede vida eterna, en fin, después de todo lo que nos da, es lógico que algunos hayamos decidido amarlo, pero, ¿por qué nos ama Él a nosotros?

No voy a responder precisamente a esta pregunta, de hecho quiero dar al menos 3 razones por las cuales Dios hace mucho tiempo debió habernos dejado de mostrar su amor. ¿Por qué no lo ha hecho?… Esto lo responderemos al final.

1. Dios no necesita nada de nosotros.

Somos nosotros los que necesitamos de Él, no al contrario. Me parece gracioso que muchas personas piensen que le hacen un favor a Dios al acercarse a Él, cuando en realidad, sin Él en nuestras vidas, lo único que estamos haciendo es “transformando oxígeno en Dióxido de carbono”, sólo estamos sobreviviendo sin Dios, pero realmente no estamos viviendo. Necesitamos urgentemente de Dios en nuestras vidas, pero Él existía antes de nosotros, y seguirá existiendo cuando nosotros ya no estemos con vida. En este sentido, no nos necesita.

2. Históricamente le hemos dado la espalda a Dios.

Los que aman a Dios son la minoría. Naciones enteras se autodenominan cristianas, pero no significa que como naciones busquen amar a Dios, tampoco quiere decir que todos sus habitantes busquen a Dios. De hecho como país, somos considerados un país de tradición cristiana, pero de la totalidad de habitantes, la mayoría profesan una religión, pero no una relación personal con Dios. La gran mayoría de personas simpatizan con Dios, pero a la hora de tener una relación con Él, le dan la espalda.

 

3. No valoramos lo que Dios nos da y nos aprovechamos de Él.

Dios nos concede algo que nada ni nadie puede hacer por nosotros: La oportunidad de tener acceso a una vida eterna. Lastimosamente, muchas personas, e iglesias incluso, tocan este tema de forma superficial y se enfocan en obtener de Dios otras cosas que son importantes, pero que no son fundamentales y la razón principal por la que Él busca tener una relación con nosotros: Podemos morir sin haber prosperado, pero no sin la oportunidad de vida eterna; podemos vivir sin ser exitosos, pero no podemos vivir sin la oportunidad de vida eterna.

Como ven, Dios debió habernos dejado de amar hace mucho tiempo, ¿Por qué no lo ha hecho? Ahhhh… pues sencillamente porque Él no puede dejar de amarnos, pues su naturaleza misma es AMOR. Su amor no se activa y desactiva como la luz en nuestras casas con un interruptor, de Él surge amor constantemente porque es la fuente misma de todo amor existente. Menos mal que es así, pues si el amor de Dios fuera en respuesta a quienes somos nosotros,  entonces hace mucho tiempo hubiera dejado de amarnos.

 

Carlos Márquez

@carlos_mrqz

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ImagenBlandina, era una mujer quien en el año 177 D.C. fue llevada ante las autoridades romanas para ser torturada en el Coliseo Romano por negarse a darle la espalda a Cristo. Cuando estaba a punto de que una manada de leones hicieran de su cuerpo un festín, se le dio una última oportunidad de negar a Cristo y adorar al Cesar, ante lo que ella gritó con todas sus fuerzas: “Soy de Cristo, y si muero voy a Él”. Lo que sucede después es digno de Hollywood, pero se los contaré al final.

¿Dónde quedó esa determinación en la Iglesia moderna? Honestamente pienso aún está dentro de nosotros, pero no sale a la luz porque falta esa fuerza motivadora que hace que lo mejor de cada ser humano salga en momentos de necesidad. Ella estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para que Cristo fuera puesto en alto, para que su obra siguiera adelante, para que la gloria del Hijo de Dios fuera reconocida y celebrada por la gente a su alrededor; Blandina lo sabía y estaba dispuesta a vivir y morir si era necesario para cumplir el propósito de su nueva vida espiritual.

Aquí es donde creo que está la gran diferencia y en gran parte, las Iglesias hemos tenido responsabilidad en que las personas no muestren esa determinación hoy en día. Lo hemos hecho, al poner como el centro de los mensajes a las ovejas, sus necesidades, sus derechos como hijos de Dios, sus pruebas, sus cargas, en fin… al dejar por un lado a Cristo y poner como centro al hombre, lo que veremos será una desviación de la forma de vivir de las personas que semana tras semana asisten a las iglesias.

La gente ya no está pensando en qué puede hacer por Dios, al contrario, está pensando en qué puede hacer Dios por ellos, la gente ya no está pensando en cómo poner el nombre de Dios en alto, están pensando en cómo Dios los puede poner a ellos en alto, ya no se piensa tanto en cómo su vida puede ser de provecho, sino en cómo aprovechar el hecho de ser hijos de Dios; en fin, cuando el hombre se vuelve el centro, este tipo de pensamiento predomina en quienes asisten en la Iglesia. Al volver Cristo a ser el centro del mensaje, surge esa determinación de hacer lo que sea para que su obra sea puesta en alto, vuelve a surgir el deseo de vivir y morir si es necesario para glorificar a Dios.

Para terminar la historia, los leones se acercaron a Blandina, y al estar frente a ella se dieron la vuelta y comenzaron a atacar a los soldados que los empujaban, mientras ella seguía gritando: “Soy de Cristo, soy de Cristo”, al ver el espectáculo, sorprendentemente, cientos de los presentes que veían el martirio también comenzaron a gritar: “Soy de Cristo”. Ese es el poder de una vida determinada, eso es lo que pasa cuando Cristo es el centro.

Carlos Márquez

@carlos_mrqz

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